Bandera de León

Bandera de León

martes, 21 de enero de 2014

Los orígenes y el devenir de la historia.



Pido perdón a mis lectores por este paréntesis en los artículos, pero causas de fuerza mayor me lo han impedido, retomo el blog con aire renovado y con algo que espero guste.La primera dificultad que me encuentro para poder hacer una pequeña síntesis de la historia de estas tierras es la de su origen incierto y las pocas publicaciones que existen sobre la misma.



Estela vadiniense
Según investigaciones realizadas por el señor Sánchez Badiola, los pueblos que componen el Valle del Curueño entran en la historia a medida que su nombre aparece en los documentos escritos. Aunque una lápida o estela vadiniense, de la etapa de la romanización fue hallada en Barrillos de Curueño, lo que confirma la existencia de un antiguo poblamiento cercano a los veinte siglos.
La primera población en aparecer documentada seria Ambasaguas de Curueño, allá por el lejano año 959, finalizando con Santa Colomba de Curueño en 1.159, completándose así en este periodo de tiempo todas las poblaciones.



Orden de Alcántara
En los siglos XII y XIII se asientan en estas tierras las Órdenes religiosas de los Templarios y los Caballeros de Alcántara, su objetivo defender y proteger a los peregrinos que por la calzada romana se dirigen la iglesia de San Salvador de Oviedo. De ello quedan vestigios en las edificaciones defensivas situadas en las lomas a la izquierda del río Curueño. Los propios vocablos “Barrio y Barrillos” dan a entender que existieran sendas fortificaciones en Barrio de Nuestra Señora y Barrillos de Curueño, aunque no existan vestigios de ello. Diferente caso es el del castillo de “San Salvador” en Santa Colomba de Curueño, ya que aunque no exista está documentado, concretamente en el año 927, o el castillo de La Mata de Curueño del que aun existen restos que hablan de su existencia.
El periodo de tiempo comprendido entre los siglos XIV al XIX son de orden jurisdiccional, las poblaciones se encuentran asentadas y necesitan unas normas sociales de convivencia además de un ordenamiento económico de la riqueza. Durante este periodo de tiempo se forma el llamado “Concejo del Curueño o Valle del Curueño”. Este territorio comprendido por las poblaciones del actual ayuntamiento de Santa Colomba de Curueño, más La Candana y Sopeña del Curueño pertenecientes al de La Vecilla, dependen de la Casa de los Guzmanes, dueña entre otras posesiones del castillo de Aviados, teniendo su casa solariega en Vegas del Condado. Durante siglos esta familia ejerció su señorío, a pesar del castigo impuesto por el rey Carlos I por su apoyo a la causa comunera, cobrando impuestos como “los foros de montes y foros de vegas”. La reina Isabel II en el año 1.837 anula sus derechos de señorío sobre estas tierras, siendo vendidas sus propiedades en el Curueño a mediados del siglo XIX.

Los pueblos necesitan normas para su convivencia y las tienen en forma de “Ordenanzas”, donde se reglamentan los aspectos de la vida comunal, importante código de funcionamiento civil.
Iglesia de Gallegos
El llamado tercer poder correspondería a la Iglesia, de gran influencia e importancia en los pueblos. Dan fe de ello las parroquias, ermitas y cofradías que en cada pueblo existen. Nadie puede negar las aportaciones de las parroquias y ermitas en la fundación de los pueblos y el legado que dejan en su arquitectura, imaginería y arte.

jueves, 8 de noviembre de 2012

El Valle del Curueño o Concejo del Curueño.


El Valle del Curueño o Concejo del Curueño como es conocido desde tiempo remoto, es un espacio esculpido por el agua, encajado entre dos lomas paralelas, un paraíso verde, lleno de acequias, donde la vegetación lo invade todo, podría decirse, sin temor a la exageración, que es un don del Creador, un micro universo, donde las cumbres se han dulcificado, y en tan escaso espacio se concentra toda la belleza imaginable.
Sus dos lomas miran al Porma, por el este y al Torio, por el oeste y como no en medio de ellas, el siempre presente rio Curueño que vertebra el Valle.
Afirma Heráclito que “el rio es una metáfora del tiempo, fluye y se va, nunca la misma agua ni el mismo instante”.

Vista del Valle desde la Ermita de Santa Ana
 Se puede decir que estamos en plena ribera, pero en el horizonte se avista la montaña, con sus cumbre de Peña Valdorria y Polvorea, las construcciones dan fe de ello, en sus casas se ven cimientos de canto rodado desde donde arranca el adobe hasta su remate.
Los ocho núcleos de población actuales, Devesa de Curueño, Ambasaguas de Curueño, Barrio de Nuestra Señora, Barrillos de Curueño, Gallegos de Curueño, Santa Colomba de Curueño, La Mata de Curueño y Pardesivil, jalonan el rio y se miran en el. Hoy en día componen el municipio de Santa Colomba de Curueño, pero como observara el lector nada menos que seis de ellos llevan el apellido Curueño.
Pero no siempre fue así, en el año 1.837 se configuraron los modernos Ayuntamientos, Santa Colomba de Curueño lo fue con el número 22, e incluía además los pueblos de La Cándana y Sopeña, que en la actualidad forman parte del vecino municipio de La Vecilla.
Los pueblos aun conservan costumbres ancestrales, como son el Concejo Abierto, las hacenderas, las suertes de la leña, las celebraciones de romerías, la práctica de los deportes autóctonos, principalmente la lucha leonesa y los bolos.
Las poblaciones tienen bases antiguas, como observamos en la aparición de una pequeña estela vadiniense, de la etapa de la romanización, en el pueblo de Barrillos de Curueño.


Escudo de la Casona de Barrio de Nuestra Señora

Los despoblados de que hay noticia no son muchos, pero de rastro histórico importante, así el núcleo romano de “Fructa Aripa”, junto al castillo de San Salvador, o el probablemente prerromano de “Cesnera”, que aparece citado en un documento de 1.197, aunque resulten desconocidos sus exactos emplazamientos, se da fe de ellos.
Sus monumentos religiosos, iglesias y ermitas y civiles, casas señoriales, restos heráldicos, la riqueza artística que busca refugio en sus iglesias, imaginería, tallas, pilas bautismales, vidrieras, cálices, ornamentos, retablos, quizá pasen desapercibidos para el viajero, pero forman parte de las señas de identidad del territorio.

Ermita de Santa Colomba de Curueño


domingo, 4 de marzo de 2012

Curenno flumen, hermosa sinfonia de agua, luz y piedra.



El río Curueño
Hablar del río Curueño y de sus valles es hablar de una perfecta sinfonía de agua, luz y piedra.  Por treinta y tres pueblos de cuatro municipios transcurre el curso del río.

Desde las cumbres de la cordillera, los valles se adivinan hermosos, tupidos bosques, gargantas labradas por el agua, hoces y colladas, hasta alcanzar la ribera, cuando el agua camina mansa en busca de su desembocadura. 

Un paisaje de ensueño seria su definición más acertada, surcado por todo tipo de aguas: manantiales, regatos, afluentes, las correntías de los ventisqueros y la quietud de las lagunas glaciares, cuya suma de aguas forman el astur “Curenno flumen.

El encadenamiento de sierras y picos, desfiladeros, cursos de agua, crestería caliza, hayedos, robledales, bosques mixtos o vegas bordadas de alisos y salgueras constituyen una antología del paisaje, en todas las manifestaciones de belleza natural. Son uno de los más importantes activos del territorio, bajo los prismas de la biodiversidad y el atractivo que debe encauzar la promoción turística. 

En su curso hacia la desembocadura encontramos cuatro municipios bien diferenciados pero con el denominador común de las aguas en que se miran. 

El nacimiento del río, se sitúa en el puerto de Vegarada, municipio de Valdelugueros, que linda con el Concejo asturiano de río Aller. Forman parte de la comarca de Los Argüellos, o primitivo Concejo de Arbolio. Fue territorio de realengo y todos sus habitantes tuvieron la condición de nobles, por expreso privilegio de los reyes.

Cola de caballo en las Hoces
Por un lado, la cabecera del río Curueño, donde la naturaleza mediante una sucesión de montes, gargantas y pasos apenas contaminados por la acción del hombre, es de una belleza y majestuosidad sin parangón.

En el centro se sitúan los municipios de Valdepiélago y La Vecilla, cuyos términos pertenecieron a La Real Encartación del Curueño, entidad que no tiene precedente en toda la Comunidad de Castilla y León. La Encartación fue durante algunos siglos territorio del señorío episcopal de León, y a partir del XVI pasó a ser de realengo.

El municipio de Valdepiélago participa de la montaña y la ribera. Junto a enclaves que semejan nidos de águilas, como Valdorria o Correcillas, otros pueblos se asoman ya a la suavidad de la planicie, cobijándose en suaves valles a la orilla del Curueño.  


En el extremo sur se ubica el municipio de Santa Colomba de Curueño, donde la piedra cede paso al adobe. Formó el medieval Concejo del Curueño, del señorío de los Guzmanes.
Los municipios de La Vecilla y Santa Colomba de Curueño, agotan las márgenes del río, antes de su unión con el Porma.

domingo, 9 de octubre de 2011

San Froilán en el valle del Curueño



San Froilán
El primer día de mayo el alcalde del municipio de Valdepiélago invita a las gentes a asistir a las rogativas de San Froilán. A las nueve de la mañana parte la procesión desde Valdepiélago con el Santo representado en una imagen dieciochesca, siguen a la vera del Curueño hasta Nocedo precedidos del pendón. En pasadas épocas subían imagen y pendón hasta Valdorria por camino tortuoso, hoy es carretera ser­penteante de alta montaña. Ostentar un pueblo su pendón era signo de distinción concedido por “fazañas” de honor; tantas varas de ancho crespón cuantas “fazañas” en honor real, condal o abacial ostentara el pendón. La celebración litúrgica se realiza sobre un histórico cáliz renacentista, de plata, que aunque no valioso en su simple arte sí lo es en su historia que ostenta una leyenda que dice: “Dióme la sere­nísima doña Juana de Austria, princesa de Portugal e infante de Castilla, 1573”. Por la base atestigua: “Laza”, que debió ser el artífice.
Desde Valdorria a la ermita de San Froilán hay que subir una rampa en campera pradería, luego unos escalones en piedra arenisca, que cubren el medio kilómetro de ascenso entre riscos. La campa en que se asienta la ermita acoge a pocas personas, no más de treinta. El templo es muy pequeño, con arco fajón románico en su interior que inicia la bóveda de cañón del presbiterio. es un tosco románico rural, aunque ésta de Valdorria está reconstruida después de la contienda bélica de 1936. En la puerta hay un arco de medio punto en piedra, muy tosco. En la portada aparece una efigie en piedra en un escudo heráldico, que debe representar a San Isidoro a caballo, tal y como se halla en el pendón de Baeza que se custodia en la basílica de San Isidoro, enjaezado y con la espada desenvainada; bordones episcopales, lobos y bajo ellos ondas marinas.
Al fondo del valle corre el regato de Valdecésar que se interna entre rocas para caer en cascada de irisaciones cromáticas cerca de la carretera entre Montuerto y Nocedo, frente a las ruinas del castillo de Arbolio, castillo del Curueño, donde se cuen­ta que se tramó la conjura de Doña Jimena y sus hijos García, Fruela y Ordoño para destronar a su padre Alfonso III el Magno. El paraje es de extraordinaria belleza. Aún se aprecian los restos del monasterio de San Juan de Valdecésar entre el robledal. Dícese que en aquel cenobio habitó San Froilán con una docena de monjes allá por el siglo IX. Aquí pasa poco tiempo y se va hacia las tierras del Curueño, a Val­dorria. Froilán es amigo del rey Magno y asiste en las fechas por las que el monarca reconstruye el cas­tillo de Arbolio.



Ermita
Froilán piensa dedicarse a la predicación y hace aquellas pruebas de quemarse los labios con una brasa y las palomas blanca y gris que salen de su boca, donde comprende que el Espíritu le ha infundido de ciencia.
La fama de Froilán traspasa las fronteras del reino; obispos y magnates buscan su consejo. Allá para el Moncayo se habla de Froilán y de allí viene para vivir en su cenobio el que va a ser su compañero inseparable, Atilano. Juan el Diácono dice que fundó un monasterio en Veseo, que será “el abesedo de Valdorria”. 
Hay quien asegura que en el camino de Valdorria a La Mata de la Bérbula quedan vestigios de otro monasterio, que sería el de Veseo. En Valdorria va a pasar una decena de años de vida eremítica y de predicación entre pastores y campesinos.


Leyenda de San Froilán y el lobo

Interior de la Ermita
La ermita de Valdorria, cuenta la leyenda, fue construida por San Froilán y sobre ella se ha tejido la tela de una emo­tiva circunstancia legendaria. Las piedras fueron acarreadas por el ermitaño, ayudándose de un borriquillo.
En estas montañas abundan los lobos y uno de ellos mató al borriquillo de Froilán. Entonces, en castigo, el Santo amo­nestó a la alimaña y le hizo cargar con el serón y las piedras en suce­sivos viajes hasta finalizar la edifi­cación del cenobio.
Esta leyenda se halla cincelada en bronce en una de las puertas del santuario de la Virgen del Camino; es la puerta situada en la fachada opaca que corre a lo largo de la vera de la carretera, la puerta de la izquierda, allí está San Froilán con su báculo episcopal y tiene las narices brillantes, porque todo visitante le tira de las narices creyendo que tal hecho trae suerte. 
También en la catedral de León, se encuentra al santo eremita en su cenobio orando ante una calavera, el lobo cargado con el serón y las piedras y hay grabados los nombres de León, Valdecésar y Moreruela.